Camino de la Iglesia Verdadera
89. Examen Diario Para El Peregrino
Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.
El peregrino necesita examen diario. Sin examen, el alma se acostumbra a sí misma. Aprende a excusar sus desórdenes, a llamar prudencia a la cobardía, caridad al silencio culpable, celo a la ira, y esperanza a la demora.
El examen no existe para aplastar al alma. Existe para ponerla bajo la luz de Dios. Una casa en exilio puede hablar mucho de crisis, autoridad, jurisdicción y falsa iglesia, y sin embargo no examinar la propia lengua, la propia pureza, la propia paciencia o la propia obediencia. Eso sería una derrota escondida.
Póngase delante de Dios. Haga la Señal de la Cruz. Pida al Espíritu Santo luz sin autoengaño y humildad sin desesperación.
Diga: "Señor, muéstrame lo que debo ver. No permitas que me justifique donde debo arrepentirme. No permitas que desespere donde debo levantarme."
No se examine como juez orgulloso de sí mismo, ni como alma que ya se condena antes de mirar. Examine como hijo ante el Padre, como enfermo ante el médico, como peregrino que revisa si todavía camina hacia la Ciudad de Dios. La verdad de Dios hiere para curar.
La vía purgativa mira primero al pecado, al apego desordenado y a las ocasiones próximas.
Pregúntese:
- ¿He cometido pecado mortal o he jugado con ocasión grave?
- ¿He asistido, apoyado o defendido culto falso por miedo, costumbre o presión familiar?
- ¿He preferido una capilla insegura porque me da compañía, estética o alivio?
- ¿He dejado que ira, sospecha o amargura gobiernen mi celo?
- ¿He sido impuro en mirada, imaginación, pantalla, conversación o vestido?
- ¿He permitido inmodestia en mi casa por cobardía?
- ¿He faltado a la oración por pereza o desorden?
- ¿He mentido, murmurado o herido con la lengua?
- ¿He evitado corregir a mis hijos cuando la corrección era deber?
- ¿He usado la confusión de la crisis como excusa para no convertirme?
Si encuentra pecado, no se excuse. Arrepiéntase. Haga propósito concreto. Busque confesión válida cuando sea posible. Si no la tiene cerca, haga acto de contrición perfecta con deseo verdadero del sacramento.
Sea específico. No diga solamente: "He sido malo." Diga: "He hablado con desprecio", "he vuelto a una ocasión impura", "he cedido ante presión familiar", "he buscado aprobación", "he callado cuando debía proteger." El pecado se combate mejor cuando se nombra sin teatro.
La vía iluminativa mira al alma que desea vivir más firmemente bajo la gracia.
Pregúntese:
- ¿He recordado a Dios durante el día?
- ¿He recibido la verdad con humildad o con deseo de ganar discusiones?
- ¿He amado a Nuestra Señora como Madre que forma, no sólo como consuelo?
- ¿He practicado paciencia con los confundidos?
- ¿He hecho un acto de reparación por blasfemia, falso culto, inmodestia o indiferencia?
- ¿He enseñado algo verdadero a mis hijos o a mi hogar?
- ¿He guardado modestia en vestido, postura, palabra y mirada?
- ¿He resistido la tentación de buscar aceptación donde Dios pide fidelidad?
- ¿He leído doctrina sólida en vez de vivir de rumores?
- ¿He terminado el día más dispuesto a obedecer que al comenzarlo?
La vía iluminativa no es curiosidad espiritual. Es docilidad. El alma pide ver mejor para obedecer mejor. Si el estudio no produce más humildad, más pureza, más oración y más caridad, debe revisar cómo está estudiando.
Cada día nombre un error. No para obsesionarse, sino para no ser engañado.
Puede decir:
- Hoy resistiré la falsa misericordia.
- Hoy resistiré el protestantismo práctico.
- Hoy resistiré la obediencia falsa.
- Hoy resistiré la tradición sin jurisdicción.
- Hoy resistiré la modestia mínima tratada como plenitud.
- Hoy resistiré la paz familiar comprada con silencio culpable.
Nombre el error con calma y luego vuelva al deber. No pase el día entero alimentando la imaginación con enemigos. El error se resiste mejor cuando la verdad gobierna la conducta concreta: oración, trabajo, corrección, estudio, paciencia y penitencia.
El examen debe terminar en virtud concreta.
Elija una:
- humildad para recibir corrección;
- fortaleza para hacer una decisión difícil;
- templanza para gobernar pantalla, comida, comodidad o lengua;
- modestia para ordenar el cuerpo bajo Dios;
- paciencia con una familia confundida;
- obediencia a la verdad conocida;
- esperanza sin presunción.
No intente reformar toda la vida en una noche. Tome una resolución pequeña y verdadera. Dios forma santos por fidelidad repetida.
La resolución debe poder hacerse mañana. "Seré santo" es verdadero como deseo, pero demasiado general como resolución. Mejor: "rezaré antes de tocar el teléfono", "apagaré esta pantalla", "pediré perdón por esta palabra", "leeré una página de catecismo", "no entraré en esa discusión inútil", "corregiré a mi hijo sin humillarlo."
Señor Jesucristo, no permitas que me engañe. Muéstrame mi pecado, guarda mi fe, ordena mi casa, purifica mi esperanza y enséñame a permanecer bajo Tu Cruz con Nuestra Señora. Amén.
Después del examen, descanse en Dios. No vuelva a revisar todo con ansiedad. Haga el propósito, pida perdón y duerma bajo la mirada de Cristo. Mañana se vuelve a caminar.