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Camino de la Iglesia Verdadera

100. Niños Y Niñas Modestia Juego Y Límites

Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.

Niños y niñas que comparten casa deben ser formados desde temprano en modestia, reserva y límites rectos. Si los padres descuidan esto, muchas veces descubren después que la inmodestia, la rudeza, la curiosidad, las burlas, la falta de vergüenza y la familiaridad confusa ya se volvieron normales.

Este tema debe tratarse con limpieza y claridad. La vida moderna suele negarse a enseñar límites hasta que la corrupción ya entró. Una casa católica debe ser distinta. Debe enseñar a niños y niñas a vivir juntos con caridad sin destruir la reserva.

Los hijos comparten mesa, juegos, pasillos, tareas, conversaciones y vida común. Eso no significa que todo deba ser sin forma. El espacio compartido necesita regla. La modestia no pertenece sólo a la calle. También pertenece al hogar, de modo proporcionado y sereno.

Los niños deben aprender que el cuerpo no es juguete, que la vergüenza limpia no es enemiga, y que la curiosidad no es inocente sólo porque aparece temprano.

No haga de esto un tema oscuro. Hable con sencillez. Gobierne con constancia. Evite tanto el pánico como el descuido.

Los hijos deben jugar, correr, reír y tener alegría. Pero el juego también debe estar bajo regla moral. Luchas, persecuciones, disfraces, baños, dormitorios, ropa, bromas y contacto físico deben gobernarse según edad, sexo, prudencia y modestia.

La pregunta no es sólo si "no quieren decir nada malo." La pregunta es qué hábitos se están formando. Hay familiaridades que parecen inocentes al principio y después dificultan la pureza.

Los padres deben observar sin obsesión, corregir sin vergüenza y ordenar sin permitir que la casa se vuelva tensa.

Algunos padres esperan demasiado para enseñar reserva corporal. Piensan que la modestia importa sólo cuando las pasiones despiertan con fuerza. Es un error. Cuando llega la adolescencia, el hijo ya trae hábitos de vergüenza limpia o de falta de vergüenza.

Enseñe temprano:

  1. Vestir con decencia.
  2. Respetar puertas cerradas.
  3. Cambiarse con privacidad.
  4. Hablar limpiamente de asuntos corporales.
  5. Rechazar bromas indecentes.
  6. No invadir camas, ropa o cuerpo ajeno.
  7. Distinguir cariño limpio de familiaridad sin guardia.

Estas reglas pequeñas preparan una pureza más fuerte.

La cultura moderna enseña exhibición desde temprano. Los niños son fotografiados sin medida, vestidos para llamar atención, aplaudidos por mostrarse, empujados a bailes, poses, redes y espectáculos. Así aprenden a sentirse reales cuando son vistos.

Los padres católicos deben resistir ese espíritu. El cuerpo no es proyecto público. La sencillez, la reserva y el porte modesto protegen el alma.

Tampoco caiga en descuido alegre: "son niños", "no pasa nada", "no exageres." Muchas deformaciones empiezan con esa frase. La inocencia se guarda antes de que esté amenazada abiertamente.

Los niños deben aprender a no burlarse, exponer o invadir la reserva de las niñas. Las niñas deben aprender a no usar coquetería temprana, sentimentalismo o familiaridad inmodesta con los niños. Hermanos y hermanas deben crecer en cortesía, ayuda y afecto limpio.

No se ría de invasiones de privacidad, comentarios groseros, bromas corporales o hábitos de desprecio. Lo que se llama normal puede enseñar falta de límites.

Nuestra Señora enseña pureza y San José enseña custodia. Una casa bajo Jesús, María y José debe aprender esa limpieza sin tristeza y esa reserva sin miedo.