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Camino de la Iglesia Verdadera

95. Guardar A Los Hijos De La Corrupción

Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.

Los hijos no conservan la inocencia sólo porque los padres lo desean. La inocencia debe ser guardada. Los sentidos, la imaginación, la memoria y el ambiente moral del niño reciben impresiones antes de que el niño pueda juzgarlas. Si los padres no gobiernan esto, el mundo lo hará.

Guardar a los hijos de la corrupción no es exageración ni desconfianza enfermiza. Es deber ordinario de los padres. Quien ama protege. Quien protege no espera a que el daño sea grande para cerrar la puerta.

Muchas veces la corrupción no entra primero con escándalo abierto. Entra por bromas groseras, música mundana, amistades que normalizan la irreverencia, pantallas sin gobierno, conversaciones de adultos, ropa inmodesta, redes sociales, series, juegos, sarcasmo constante y desprecio de la autoridad.

El daño suele ser gradual. El niño oye, repite, se acostumbra y deja de sentir vergüenza. La imaginación queda ocupada antes de que los padres entiendan la gravedad.

Por eso hay que vigilar temprano. No todo lo que parece pequeño es pequeño para un alma que se está formando.

Los hijos se parecen a sus compañías. Aprenden palabras, gestos, gustos, ambiciones, bromas, miedos y criterios de quienes los rodean. No todo niño amable es compañía segura. No toda amistad útil socialmente es buena para el alma.

Pregunte por los frutos. ¿Esta amistad hace al hijo más honesto, modesto, obediente, reverente y pacífico? ¿O lo hace más ruidoso, secreto, vanidoso, insolente, impuro o resistente a la corrección?

Si el fruto es malo, el problema ya es moral, no sólo social. Los padres no deben sacrificar el alma del hijo para evitar incomodidad con otras familias.

Las pantallas no son peligrosas sólo por la impureza explícita, aunque ese peligro es gravísimo. También abren la casa a ruido, vanidad, burla, comparación, espectáculo, pereza, curiosidad desordenada y personas que jamás deberían ser admitidas físicamente en el hogar.

Un aparato privado puede convertirse en una puerta secreta contra toda regla familiar. Por eso no basta confiar en filtros. Debe haber gobierno: horarios, lugares visibles, límites claros, revisión prudente y capacidad real de decir no.

Si una pantalla vuelve al niño más inquieto, insolente, secreto, impuro, vanidoso o incapaz de rezar, ya está formando mal.

La palabra forma un mundo moral. Bromas sucias, desprecio a los padres, burla de lo sagrado, quejas teatrales, sarcasmo constante, mentiras pequeñas y vulgaridad enseñan al niño antes que cualquier lección formal.

Los padres deben guardar lo que los hijos dicen y lo que oyen. A veces la corrupción entra por familiares, visitas o ambientes que se consideran normales. La caridad hacia parientes no exige entregar a los hijos a conversaciones que ensucian el alma.

Una casa católica debe tener un aire distinto. No perfecto, pero distinto: más limpio, más recogido, más respetuoso, más consciente de Dios.

Guardar no significa sólo prohibir. También significa dar bienes mejores:

  1. Buenos libros.
  2. Música digna.
  3. Amistades limpias.
  4. Trabajo útil.
  5. Juegos sanos.
  6. Oración familiar.
  7. Conversación alegre y verdadera.
  8. Amor a Nuestra Señora.
  9. Reverencia por la Misa verdadera.
  10. Ejemplos de santos.

Una casa protegida no debe parecer una prisión vacía. Debe parecer un jardín vigilado, donde lo limpio puede crecer sin ser pisoteado.

Muchos padres temen parecer estrictos más de lo que temen la corrupción. No quieren que el hijo se sienta diferente, privado o molesto. Entonces permiten lo que oscurece el alma poco a poco.

Esa compasión es falsa. Un niño no amado sabiamente queda expuesto. La verdadera ternura sabe decir no. Nuestra Señora es Madre dulcísima, pero tiene enemistad con la serpiente.

Proteja sin paranoia, pero proteja. Explique cuando conviene. Corrija cuando hace falta. Cierre puertas cuando debe cerrarlas. Dios pedirá cuenta a los padres por las almas que les confió.