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Camino de la Iglesia Verdadera

66. Prepararse Para La Muerte Como Católico

Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.

La muerte no es un pensamiento morboso para el católico. Es una verdad que ordena la vida. Moriremos. Seremos juzgados. La crisis de la Iglesia, las disputas, las capillas, los grupos y las preguntas difíciles deben ser vistas bajo esta luz: el alma debe morir en la fe, en gracia, en arrepentimiento y en esperanza.

No espere a la última hora para vivir como católico.

La muerte revela lo que una vida ha amado. Muchas cosas que parecen urgentes pierden su fuerza ante el lecho de muerte: reputación, discusiones, comodidad, opiniones de familiares, recuerdos de capillas, y el deseo de no parecer extraño. Allí queda una sola pregunta: ¿he pertenecido a Dios con la fe que Él reveló y con la gracia que Él ofrece?

Prepararse para morir significa vivir preparado:

  1. Rechazar el pecado mortal.
  2. Hacer actos frecuentes de contrición.
  3. Perdonar.
  4. Restituir cuando debe.
  5. Ordenar la casa.
  6. Guardar la fe íntegra.
  7. Evitar culto falso.
  8. Desear sacramentos verdaderos.
  9. Invocar a Jesús, María y José.

La buena muerte se prepara con fidelidad diaria.

No imagine la preparación como algo reservado para ancianos o enfermos. Cada día en estado de gracia prepara la muerte. Cada pecado mortal rechazado, cada acto de contrición, cada Rosario, cada perdón ofrecido, cada mentira abandonada, cada culto falso evitado, va enseñando al alma a morir bajo el gobierno de Dios.

La ausencia de un sacerdote seguro es una cruz terrible. No la minimice. Pero tampoco espere pasivamente. Aprenda actos de fe, esperanza, caridad y contrición. Tenga oraciones disponibles. Enseñe a la familia cómo rezar junto al enfermo. Busque ayuda verdadera con prudencia antes de la emergencia.

No llame a cualquier ministro sólo para calmar el miedo. En la hora de la muerte, el alma necesita verdad, no apariencia.

La apariencia puede ser muy cruel en ese momento. Puede dar a la familia un sentimiento de alivio mientras deja al alma sin ayuda verdadera. Por caridad, prepare antes lo que pueda: oraciones impresas, instrucciones sencillas, nombres confiables si existen, y una decisión firme de no entregar lo sagrado a manos falsas por presión emocional.

La familia debe saber qué hacer: rezar el Rosario, invocar los santos nombres de Jesús y María, ayudar al moribundo a hacer actos de contrición, apartar ruido mundano, llamar ayuda verdaderamente católica si existe, y no entregar el alma a un culto falso por sentimentalismo.

La caridad en la muerte debe ser sobria y fuerte.

No permita que la muerte sea gobernada por televisión, conversación vana, pánico, música mundana o visitas que impiden rezar. El cuarto del enfermo debe volverse, en lo posible, un pequeño Calvario: silencio, oración, verdad, perdón, confianza, y los santos nombres de Jesús y María.

Cristo murió por pecadores. No espere en sus méritos. Espere en Su misericordia, con arrepentimiento verdadero. Pida a Nuestra Señora que esté presente en la última hora.

Viva hoy de modo que pueda morir diciendo: Jesús, misericordia. María, ayúdame.

Pida también la gracia de no morir engañado. Muchos viven años bajo frases tranquilizadoras: "Dios entiende", "todos hacen lo mismo", "no puede ser tan grave", "lo importante es ser buena persona." En la muerte esas frases no salvan. Cristo salva al alma arrepentida que cree, espera, ama y quiere obedecer.