Camino de la Iglesia Verdadera
67. Refugiarse En Nuestra Señora
A gate in the exiled city.
Nuestra Señora no es adorno de la vida católica. Es Madre de Dios, Madre al pie de la Cruz, Nueva Eva, Arca, Mujer, Virgen fiel y figura purísima de la Iglesia. Donde la Iglesia es vista en su pureza, allí se ve algo de María. Donde María es recibida rectamente, el alma aprende a recibir a Cristo.
En tiempo de confusión, el refugio mariano no es sentimentalismo. Es una escuela de fidelidad.
Nuestra Señora permaneció bajo la Cruz cuando casi todo parecía fracaso. Allí no inventó otra religión. No huyó hacia una falsa paz. No reinterpretó la Cruz para hacerla cómoda. Permaneció en fe perfecta.
El alma en exilio debe aprender esa postura. No siempre tendrá consuelo visible. Debe permanecer con María donde Cristo es crucificado.
Rece el Rosario. No como repetición vacía, sino como meditación de los misterios de Cristo con Su Madre. El Rosario ordena la imaginación, calma la ansiedad, enseña paciencia y pone al alma bajo una luz más pura.
Si no puede rezarlo entero, rece una decena fielmente. Haga lo que puede, pero hágalo con amor.
La Iglesia no toma al hombre como fuente, principio o maestro. Como María, recibe de Dios. "No conozco varón" enseña también al alma que la Iglesia no nace de los proyectos de los hombres, sino de la gracia de Dios.
Por eso una iglesia fabricada por hombres, una falsa autoridad, una estructura paralela o una religión privada no pueden reemplazar la Iglesia recibida de Cristo.
Consagre su casa a Nuestra Señora. Ponga una imagen suya con reverencia. Rece ante ella. Enséñele a los hijos a pedir su ayuda. Cuando haya miedo, diga: "Madre mía, guárdanos bajo la Cruz."
María no aleja de Cristo. Lo da. Y enseña al alma a obedecerlo.