Camino de la Iglesia Verdadera
78. Confesión Contrición Y Sacerdotes Seguros
A gate in the exiled city.
La Confesión es un sacramento de misericordia. Cristo dio a Su Iglesia poder real para perdonar pecados por el ministerio sacerdotal. Por eso el alma debe amar la Confesión, desearla y buscarla rectamente.
Pero en la crisis no basta acercarse a cualquier hombre que se siente en un confesionario o use vestiduras sagradas. La Confesión exige sacerdote verdadero y jurisdicción. La misericordia de Cristo no debe ser buscada en desorden.
Cuando no hay sacerdote seguro, el alma debe hacer actos de contrición. La contrición perfecta nace del amor de Dios sobre todas las cosas, con dolor por haberlo ofendido y propósito de confesarse válidamente cuando sea posible.
No use la contrición como excusa para despreciar la Confesión. Úsela como súplica cuando está privado de un ministro seguro. Dios ve al alma que se arrepiente sinceramente y desea el sacramento según el orden de la Iglesia.
Antes de confesarse, pregunte con prudencia:
- ¿Es sacerdote válidamente ordenado?
- ¿Tiene jurisdicción católica verdadera?
- ¿Está separado de la falsa iglesia?
- ¿No pertenece a una estructura paralela sin misión legítima?
- ¿Enseña la doctrina católica íntegra?
Estas preguntas no son falta de confianza en Dios. Son respeto por el sacramento.
Algunas almas buscan confesarse en cualquier parte sólo para sentirse tranquilas. Pero la tranquilidad psicológica no es absolución segura. Si hay duda grave sobre jurisdicción o ministro, no finja certeza.
La paz verdadera no nace de cerrar los ojos. Nace de buscar la misericordia de Cristo en la verdad.
Examine la conciencia. Haga actos de contrición. Repare daños. Evite ocasiones. Pida a Dios un sacerdote fiel. Rece por los sacerdotes. Y no vuelva al pecado por tristeza.
La falta de acceso fácil no le da licencia para rendirse.