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Camino de la Iglesia Verdadera

6. Cuando Desconfía De La Religión Organizada

A gate in the exiled city.

Algunas almas desconfían de la religión organizada porque han visto males reales. Han visto hipocresía, cobardía, abuso de autoridad, sentimentalismo, dinero, política, escándalo, falsos pastores y estructuras que se protegen a sí mismas. Esa herida no debe ser tratada como si fuera nada.

Pero la herida debe ser purificada por la verdad. La corrupción de los hombres no prueba que Cristo no haya fundado una Iglesia visible. Judas no destruyó la verdad de Cristo. Los malos pastores no destruyen la realidad del Buen Pastor. El abuso de autoridad no elimina la autoridad que viene de Dios.

La fe católica no exige cerrar los ojos ante la corrupción. La Sagrada Escritura habla con severidad contra falsos pastores, hipócritas, mercenarios y lobos. Nuestro Señor mismo reprendió a los escribas y fariseos cuando usaban apariencia religiosa sin conversión interior.

Por eso el alma herida no debe pensar: "Si veo corrupción, debo abandonar toda religión visible." Más bien debe pensar: "Si hay corrupción, debo buscar con mayor cuidado la religión verdadera, el culto verdadero, la autoridad verdadera y la doctrina verdadera."

La respuesta al mal no es menos verdad. Es más obediencia a la verdad.

Cristo no dejó sólo una emoción espiritual. No dejó una religión fabricada por cada alma según su dolor. Fundó una Iglesia visible, con doctrina, sacramentos, autoridad, misión apostólica y culto recibido de Dios.

El alma moderna a veces dice: "Yo creo en Dios, pero no en religión organizada." Esa frase puede nacer de una herida real, pero no basta. Si Dios ha revelado una verdad y fundado una Iglesia, el alma no puede reemplazarla por una espiritualidad privada.

La pregunta no es si toda estructura humana ha sido pura. No lo ha sido. La pregunta es si Cristo dio una forma visible a Su Iglesia. La respuesta católica es sí.

Quien ha visto abuso de autoridad puede temer toda autoridad. Esto se entiende. Pero sin autoridad verdadera, el alma no queda libre. Muchas veces queda gobernada por apetitos, heridas, orgullo, opinión pública, miedo, propaganda o líderes más fuertes.

La autoridad católica sirve la verdad. No crea la verdad. No puede mandar contradicción. No puede convertir el error en doctrina. No puede hacer santo el culto falso.

Por eso el alma debe rechazar dos errores: la rebelión contra toda autoridad y la obediencia falsa a lo que traiciona a Dios.

Los lobos quieren que el alma cometa uno de dos errores. O que confíe en toda apariencia religiosa sin discernimiento, o que rechace toda religión visible por haber visto corrupción. Ambos errores dañan.

El camino católico es otro: reconocer a Cristo, aprender las notas de Su Iglesia, odiar la herejía sin odiar las almas, y distinguir el Buen Pastor de los hombres que lo traicionan.

Lea también For Those Who Distrust Organized Religion, Discernment in Days of Confusion, y Wolves in Sheep's Clothing.