Back to Camino de la Iglesia Verdadera

Camino de la Iglesia Verdadera

22. El Triunfo De Cristo Y La Esperanza Católica

A gate in the exiled city.

La esperanza católica no es optimismo humano. No dice que todo se arreglará porque los hombres son buenos, porque la historia progresa, o porque las instituciones visibles se corregirán por sí solas. La esperanza católica descansa en Cristo Rey.

Cristo ya venció por Su Cruz y Resurrección. Reinará plenamente. Juzgará vivos y muertos. La ciudad del hombre, edificada sobre orgullo y rebelión, no tendrá la última palabra.

En Calvario, el mundo vio fracaso. La fe ve sacrificio, obediencia, victoria y amor divino. Cristo reina desde la Cruz porque allí vence el pecado por obediencia perfecta.

Esto enseña a leer la crisis. La humillación visible de la Iglesia no significa que Cristo haya perdido. La dispersión del pequeño rebaño no significa abandono. La oscuridad no significa que la luz haya sido extinguida.

La Cruz permanece cuando la gloria pública parece retirada.

Cristo no es sólo consuelo privado. Es Rey. Tiene derecho sobre individuos, familias, naciones, leyes, escuelas, hogares, altares, trabajo y tiempo.

La ciudad del hombre odia este reinado porque quiere autonomía: hombre sin Dios, libertad sin ley, misericordia sin conversión, culto sin sacrificio, autoridad sin verdad. Pero ese reino de orgullo no puede permanecer.

El alma debe elegir bajo qué ciudad vivirá: la Ciudad de Dios o la ciudad del hombre.

La esperanza no permite descuido. No dice: "Cristo vencerá, por tanto no importa lo que haga." Dice: "Cristo vencerá, por tanto debo ser fiel."

Presumir es usar la victoria de Cristo como excusa para tibieza. Esperar es usar la victoria de Cristo como fuerza para obedecer.

Por eso la esperanza católica produce oración, penitencia, perseverancia, modestia, sacrificio, enseñanza de los hijos, rechazo del culto falso y amor por la Iglesia verdadera.

Nuestra Señora está unida al triunfo de Cristo como Madre, sierva y Reina recibida de Dios. Ella no es fuente de gracia; Cristo es la fuente. El Espíritu Santo es Dios y santifica las almas. Pero Dios quiso que María ocupara un lugar materno en el orden de la salvación.

El alma que permanece con María permanece junto a Cristo. Bajo su manto aprende humildad, pureza, obediencia, fortaleza y odio al pecado.

Este camino comenzó con almas confundidas. Debe terminar con almas más ordenadas: rezando, aprendiendo, obedeciendo, guardando el hogar, buscando la Iglesia verdadera, rechazando falsa paz y esperando en Cristo.

No alimente curiosidad sin conversión. No vuelva a la comodidad peligrosa. No haga del exilio una excusa para tristeza estéril. Permanezca bajo la Cruz, con Nuestra Señora, en la fe de la Iglesia.

Lea también The Triumph, The Triumph of Christ Is the Measure of All Catholic Hope, y The Standard Of Jesus And Mary.