Camino de la Iglesia Verdadera
57. Formar A Los Hijos En La Crisis
Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.
Los hijos no deben ser formados sólo contra errores. Deben ser formados para Cristo. Si sólo oyen nombres de crisis, grupos, falsos pastores y peligros, pueden crecer con miedo, dureza o cansancio. Necesitan doctrina, oración, virtud, belleza, disciplina y esperanza.
La crisis debe ser explicada según la edad y capacidad, no arrojada sobre los hijos como peso de adultos.
Un niño no debe llevar el peso que pertenece a los padres. Debe recibir verdad, no confusión; fortaleza, no ansiedad; amor a la Iglesia, no simple miedo de todos los lugares. La formación católica debe hacer al niño más fiel, más puro, más obediente, más confiado en Dios.
Enseñe primero:
- Dios creó al hombre para conocerlo, amarlo y servirlo.
- Jesucristo es Dios hecho hombre.
- La Iglesia es la sociedad fundada por Cristo.
- El pecado ofende a Dios.
- La gracia santifica el alma.
- La oración es necesaria.
- Nuestra Señora es Madre.
- El cielo y el infierno son reales.
Si los hijos no conocen los fundamentos, las discusiones sobre la crisis quedarán flotando en el aire.
Vuelva a estos fundamentos muchas veces. No piense que una explicación basta. Los niños aprenden por repetición, oración, ejemplo y pequeñas preguntas respondidas con paciencia. Una casa que repite el catecismo con calma da a los hijos un suelo firme.
Hay que decir que el culto falso es falso, que la falsa autoridad no debe ser obedecida contra Dios, que la FSSP y otros grupos del Vaticano II no son seguros, y que la SSPX no tiene jurisdicción católica verdadera. Pero diga esto con orden, no con rabia.
Los hijos deben aprender a odiar el error porque aman a Dios y a las almas, no porque aman pelear.
Enséñeles también a distinguir personas y errores. Pueden amar a un abuelo confundido, rezar por un antiguo amigo de capilla, tratar con respeto a un familiar, y aun así saber que no se debe ir al culto falso ni aceptar falsa autoridad. Esta distinción protege la caridad.
Los hijos aprenden más de la vida repetida que de discursos. Si ven oración, modestia, domingo serio, perdón, trabajo, lectura, respeto al padre y a la madre, cuidado de los pequeños y amor a Nuestra Señora, entenderán que la fe es vida.
Si ven sólo discusiones, aprenderán que la religión es tensión.
Deje que vean alegría sobria. Canten algo bueno. Celebren las fiestas que puedan. Lean vidas de santos. Hagan obras de misericordia sencillas. La fe no debe parecerles sólo defensa contra venenos, sino vida bajo Cristo Rey.
No exponga a los hijos a todo escándalo. No necesitan conocer cada caso, cada pecado público, cada debate, cada traición. Necesitan ser formados en verdad y protegidos de lo que no pueden cargar.
La prudencia de los padres es parte de la caridad.
Cuando deban explicar algo grave, háganlo en palabras limpias y proporcionadas. No alimenten curiosidad morbosa. No permitan que el internet sea catequista de sus hijos. Los padres deben abrir la verdad poco a poco, como quien da alimento según la fuerza del niño.