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Camino de la Iglesia Verdadera

47. La Casa Como Pequeño Puesto De Fidelidad

A gate in the exiled city.

Cuando la crisis deja al alma sin fácil acceso a una comunidad segura, la casa adquiere una importancia mayor. No reemplaza la Iglesia. No reemplaza el sacerdocio. No inventa sacramentos. Pero puede convertirse en un pequeño puesto de fidelidad donde la fe se guarda, se enseña, se reza y se vive.

El hogar católico no debe ser un refugio de fantasía. Debe ser un lugar de orden real.

Tenga un lugar sencillo para la oración: un crucifijo, una imagen de Nuestra Señora, el Rosario, un catecismo, agua bendita si la tiene legítimamente, y libros buenos. No lo convierta en adorno. Úselo.

La familia debe saber que allí se reza. Los niños deben ver que la fe no vive sólo en opiniones de adultos, sino en actos concretos: arrodillarse, bendecirse, callar, escuchar, pedir perdón.

Una casa fiel necesita ritmo:

  1. Oración de la mañana.
  2. Trabajo honesto.
  3. Modestia en vestir y hablar.
  4. Lectura breve de catecismo.
  5. Rosario o al menos una parte.
  6. Examen de conciencia.
  7. Domingo santificado.

No empiece con un programa imposible. Empiece con fidelidad pequeña y constante. La constancia educa más que el entusiasmo de una semana.

El padre debe guiar sin tiranía. La madre debe formar sin desesperarse. Ambos deben enseñar que la verdad no es un tema de discusión solamente; es una regla de vida. Los hijos aprenden de lo que ven repetido.

Si los padres hablan mucho contra errores pero viven con ira, desorden, impureza, pereza o mundanidad, los hijos aprenderán contradicción. La casa debe confirmar con vida lo que la boca enseña.

La casa fiel no debe convertirse en secta privada. No diga: "Nosotros solos somos la Iglesia." Diga: "Guardamos lo que podemos mientras buscamos el orden verdadero de la Iglesia."

La humildad protege al hogar. La oración lo sostiene. Nuestra Señora lo cubre.