Camino de la Iglesia Verdadera
84. No Inventar Sacramentos Ni Despreciarlos
A gate in the exiled city.
La crisis empuja a dos errores contrarios. Uno inventa soluciones sacramentales donde no hay seguridad. El otro se acostumbra tanto a la privación que empieza a despreciar los sacramentos. Ambos errores son peligrosos.
El católico debe amar los sacramentos con deseo ardiente y prudencia reverente.
No diga que cualquier ministro sirve. No diga que la jurisdicción no importa. No diga que una estructura paralela puede fabricar misión por necesidad. No diga que una falsa autoridad puede hacer seguro un refugio tradicional. No diga que una ceremonia emocionalmente consoladora basta.
Los sacramentos pertenecen a Cristo y a Su Iglesia. No son propiedad de la ansiedad humana.
Tampoco diga: "Puedo vivir sin sacramentos y no importa." Sí importa. La privación debe doler. El alma debe desear la Confesión, la Misa, la Comunión, la Extremaunción, el Bautismo para los niños, el matrimonio católico y toda la vida verdadera.
El deseo santo mantiene al alma orientada hacia la Iglesia.
El deseo ordenado dice: "Quiero los sacramentos como Cristo los dio, en la Iglesia verdadera, con ministros verdaderos, forma verdadera, intención verdadera, jurisdicción verdadera cuando se requiere, y separación de la falsificación."
Ese deseo puede sufrir. Pero no traiciona.
La vía estrecha evita ambos precipicios: ni falsificar por necesidad, ni endurecerse por privación. El alma católica espera, busca, pregunta, reza, se arrepiente, santifica el domingo y no abandona el amor por los sacramentos.
Cristo no nos pidió fabricar gracia. Nos pidió permanecer fieles.