Camino de la Iglesia Verdadera
9. Para Esposos Y Padres
A gate in the exiled city.
Un esposo y padre no es adorno doméstico. No es simplemente un compañero con opiniones religiosas. Ha recibido de Dios una autoridad ordenada al bien de su esposa, sus hijos y su hogar. Debe proteger doctrina, culto, modestia, oración, disciplina y seguridad espiritual.
La época enseña a los hombres a ser pasivos ante el desorden, avergonzados de la autoridad y temerosos de corregir. La paternidad católica debe recuperar fortaleza sin dureza, ternura sin cobardía, y autoridad sin vanidad.
La autoridad del padre no nace del temperamento, del dinero, de la fuerza física o del orgullo. Viene de Dios y debe servir a Dios. Por eso no es dominio egoísta. Es custodia.
Un padre debe mandar cuando debe mandar. Debe corregir cuando debe corregir. Debe pedir perdón cuando peca. Debe enseñar con palabra y ejemplo. La casa no se gobierna por estados de ánimo, silencios cobardes o explosiones de ira.
La autoridad verdadera protege. La autoridad falsa se sirve a sí misma.
Muchos hombres quieren una casa tranquila, aunque la tranquilidad se compre con error. No quieren hablar de falsa religión. No quieren corregir la impureza. No quieren negar una pantalla, una moda, una amistad o una costumbre familiar. Quieren que nada se altere.
Pero la paz falsa no es paz. Si el lobo entra y el padre calla para evitar tensión, la casa no está en paz. Está abandonada.
El padre debe aprender a advertir sin teatralidad. Debe hablar claro, rezar antes de corregir, y actuar con firmeza.
El padre debe guardar el culto del hogar. Si hay acceso a sacramentos verdaderos y lícitos, debe ayudar a su familia a acercarse con reverencia. Si no hay acceso fácil, no debe reemplazar lo verdadero con culto falso por comodidad.
El domingo y los días santos deben tratarse con gravedad. No basta decir que no se puede asistir a Misa verdadera y luego vivir el día como si fuera cualquier día. Debe haber oración, lectura, descanso santo, modestia, obras buenas, y orden familiar.
La preparación también importa. Una familia que debe viajar para la Misa debe prepararse con prudencia: ropa, comida, gasolina, horarios, silencio y disposición del alma. La pereza del sábado puede convertirse en desorden del domingo.
Un padre va a fallar en algo. Puede haber sido pasivo, duro, distraído, mundano, impaciente o cobarde. La respuesta no es desesperar. La respuesta es arrepentirse y reparar.
Reparar significa volver a rezar. Volver a enseñar. Pedir perdón donde corresponde. Poner reglas claras. Quitar lo que daña. Ordenar el domingo. Proteger a la esposa y a los hijos de falsa paz.
La fuerza católica no se mide por volumen. Se mide por fidelidad.
Lea también For Husbands And Fathers, A Father's Rule In Exile, y False Peace and the Duty to Warn.