Camino de la Iglesia Verdadera
17. Recibir La Escritura Con La Mente De La Iglesia
A gate in the exiled city.
La Sagrada Escritura es palabra inspirada de Dios. Debe recibirse con reverencia, fe, obediencia y amor. Pero no fue dada para producir una multitud de interpretaciones privadas. Fue confiada a la Iglesia que Cristo fundó.
El alma hispanohablante puede venir de ambientes donde se ama la Biblia sinceramente, pero se lee contra la Iglesia o separada de la regla católica. Debe aprender una verdad sencilla: la Escritura se ama mejor cuando se recibe con la mente de la Iglesia.
Cristo no dejó a los hombres solamente un libro y muchas opiniones rivales. Fundó una Iglesia visible, enseñó a los Apóstoles, les dio autoridad, y mandó que todas las naciones fueran enseñadas y bautizadas.
La Biblia pertenece a ese orden. La Iglesia no está debajo de las interpretaciones privadas de cada lector. Tampoco está por encima de la palabra de Dios como si pudiera cambiarla. La Iglesia recibe, guarda, interpreta y transmite lo que Dios reveló.
Cuando la Biblia se separa de la Iglesia, el resultado suele ser fragmentación. Cada alma se vuelve tribunal final. Cada grupo toma textos y produce una doctrina distinta. Eso no es la unidad que Cristo quiso.
Toda la Escritura se ordena a Cristo. El Antiguo Testamento prepara Su venida por figuras, promesas, sacrificios, reyes, profetas, templo, arca, pascua, desierto, Sion y alianza. El Nuevo Testamento muestra Su Encarnación, Pasión, Resurrección, Ascensión, Iglesia y retorno glorioso.
Por eso la lectura católica no trata la Escritura como colección de frases aisladas. Ve el plan de Dios. Ve tipología. Ve cumplimiento. Ve a Cristo como centro y a la Iglesia como Su Cuerpo.
El alma debe aprender a leer despacio, no buscando sólo una frase para defender una opinión, sino recibiendo el conjunto de la revelación.
El juicio privado hace del lector la regla final de la fe. Puede parecer humilde al principio: "Sólo sigo la Biblia." Pero si cada uno decide por sí mismo qué significa la Biblia contra la Iglesia, entonces la fe queda dividida por tantas medidas como lectores.
La Iglesia no desprecia la lectura personal. La purifica. El fiel debe leer, meditar, memorizar y amar la Escritura. Pero debe hacerlo como hijo, no como juez de la Iglesia.
Pregunte siempre: ¿cómo recibió esto la Iglesia? ¿Cómo lo entendieron los santos y doctores católicos? ¿Cómo se une esta línea con la doctrina, el culto, los sacramentos y la moral?
Leer la Escritura debe llevar a conversión. Si lee sobre la creación, recuerde que no se pertenece a sí mismo. Si lee sobre el pecado, arrepiéntase. Si lee sobre los falsos profetas, vigile. Si lee sobre la Cruz, ame el sacrificio. Si lee sobre la Jerusalén celestial, espere la patria.
La Escritura no fue dada para alimentar curiosidad religiosa sin obediencia. Fue dada para que el alma conozca a Dios, reciba a Cristo, ame la verdad y viva.
Lea también Scripture Treasury, Scripture as One Perfect Revelation, y Typology as Divine Pedagogy.