Camino de la Iglesia Verdadera
44. Regla Final Para El Alma Tradicional
A gate in the exiled city.
El alma tradicional necesita una regla final sencilla, porque la crisis puede llenar la mente de detalles hasta cansarla. La regla no debe ser superficial. Debe ser clara, católica y practicable.
No busque primero el lugar más cómodo. Busque la Iglesia verdadera. No busque primero el grupo que más se parece a lo que usted esperaba. Busque doctrina íntegra, culto verdadero, sacramentos seguros, autoridad verdadera, jurisdicción católica, separación de la falsa iglesia y frutos de santidad.
No llame Iglesia a la falsificación.
Si una estructura enseña error, promueve culto falso, bendice lo que Dios condena, destruye la fe, y exige reconocimiento como autoridad católica, no debe ser aceptada como si fuera la Iglesia de Cristo. La apariencia externa, los edificios, los títulos y la historia material no bastan.
No llame seguro a un refugio parcial.
Una capilla tradicional unida a la falsa iglesia no es segura porque parezca reverente. Una comunidad con órdenes válidas pero sin jurisdicción católica no queda resuelta por la validez. Un grupo severo contra el modernismo puede seguir errado si no guarda el orden católico.
Tampoco llame Iglesia a una estructura paralela. Si un grupo tiene capillas, escuelas, sacerdotes, disciplina interna y vida social propia, pero no tiene jurisdicción católica verdadera y mantiene reconocimiento público hacia la falsa autoridad, no debe ser tratado como si pudiera reemplazar a la Iglesia visible fundada por Cristo. Las apariencias de orden no bastan cuando falta misión legítima.
No haga de usted mismo la regla.
Rechazar la falsificación no le da permiso para inventar una religión privada. La crisis no autoriza orgullo, autonomía, desprecio, impaciencia o doctrina hecha a medida. El alma debe permanecer discípula.
Permanezca bajo la Cruz con Nuestra Señora.
Cuando no sepa todo, rece. Cuando no tenga todo, sea fiel con lo que sabe. Cuando no tenga Misa verdadera cerca, santifique el domingo. Cuando la familia no entienda, hable con caridad. Cuando suba la ira, sométala a Cristo. Cuando aparezca una salida fácil, examínela por la regla católica.
La paz no vendrá de resolver toda pregunta en una noche. Vendrá de obedecer la luz recibida. Dios no desprecia al alma que avanza humildemente. Pero tampoco bendice la comodidad que se disfraza de prudencia.
Busque la verdad. Rechace el veneno. Ame a las almas. Rece el Rosario. Guarde el domingo. Cumpla su deber. Y no abandone la esperanza: Cristo conoce a Sus ovejas, y Su Madre no abandona a los hijos que la buscan bajo la Cruz.