Camino de la Iglesia Verdadera
64. Tentaciones En Tiempo De Exilio
A gate in the exiled city.
El exilio trae tentaciones propias. No sólo tentaciones de carne o mundo, sino tentaciones religiosas: volver a la falsa seguridad, hacerse juez orgulloso, vivir de sospecha, desesperar de la Iglesia, o inventar un camino privado.
El alma debe conocer estas tentaciones para no obedecerlas.
La primera tentación es volver a lo falso porque lo falso tiene horarios, edificios, gente y sensación de estabilidad. El alma dice: "No puedo vivir así." Pero si vuelve a un culto falso o a un refugio inseguro contra la luz recibida, compra alivio al precio de la verdad.
No todo alivio viene de Dios.
Otra tentación es despreciar a todos los que no ven. El alma aprende algunas distinciones y empieza a mirar desde arriba. Eso no es sabiduría. Es soberbia.
Si Dios le dio luz, úsela para obedecer y ayudar, no para despreciar. Usted también pudo estar engañado. Recuerde eso.
La vigilancia es necesaria. La sospecha sin fin enferma. Algunas almas empiezan a desconfiar de todo: toda persona, todo consejo, todo texto, toda oración, toda comunidad. Terminan paralizadas.
La prudencia pregunta lo necesario. La sospecha convierte cada sombra en sentencia. Aprenda la diferencia.
Otra tentación es decir: "Como todo está confuso, yo viviré mi fe solo y no necesito la Iglesia visible." Eso no es católico. La Iglesia puede estar en exilio, reducida, oscurecida y perseguida, pero no se convierte en una idea privada.
Busque la Iglesia verdadera. No se conforme con una religión fabricada en la soledad.
Contra toda tentación, Nuestro Señor da la regla: velad y orad. Vigile su mente, sus deseos, sus miedos y sus hábitos. Ore antes de decidir. El alma que vigila sin orar se vuelve dura. El alma que ora sin vigilar se vuelve ingenua.