Camino de la Iglesia Verdadera
60. Celo Sin Amargura
A gate in the exiled city.
El celo es bueno cuando nace del amor de Dios. La amargura es mala cuando nace de heridas no purificadas, orgullo, cansancio o desprecio. En la crisis, estas dos cosas pueden mezclarse. El alma dice que defiende la verdad, pero empieza a hablar como si odiara a todos.
Eso no es espíritu católico.
San Francisco de Sales enseña que no hay santidad donde no hay odio de la herejía. Esa frase debe ser entendida con corazón católico. Odiar la herejía no significa odiar a las almas. Significa amar tanto a Dios y a las almas que se odia el veneno que las destruye.
Si su odio del error lo hace cruel, no está completo. Si su amor por las almas lo hace callar ante el veneno, tampoco está completo.
Vigile estas señales:
- Disfruta humillar.
- Se irrita cuando alguien pregunta lentamente.
- Habla más de enemigos que de Cristo.
- Ya no reza por los confundidos.
- Usa la verdad para sentirse superior.
- Descuida su propio pecado.
- Pierde ternura hacia su familia.
Cuando aparezcan, haga penitencia. No abandone la verdad. Purifique el modo de llevarla.
El celo gobernado habla cuando debe, calla cuando conviene, corrige sin despreciar, advierte sin disfrutar el dolor ajeno, y vuelve siempre a la oración. No necesita negar la gravedad de la FSSP, la SSPX, el o la falsa iglesia. Pero habla de esas cosas con deseo de salvar, no de vencer.
La verdad no necesita ser servida por pasiones desordenadas.
Cuando sienta que la crisis lo endurece, vuelva al Sagrado Corazón. Mire a Cristo crucificado. Él odia el pecado más que usted, pero murió por pecadores. Él denuncia a los falsos pastores, pero busca a la oveja perdida.
Ese es el celo católico: fuego bajo obediencia, verdad con caridad, firmeza con lágrimas.