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Camino de la Iglesia Verdadera

61. Oración Cuando Todo Parece Confuso

Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.

Cuando todo parece confuso, el alma suele querer leer más, discutir más, preguntar más y resolver más. Algunas veces eso ayuda. Muchas veces sólo aumenta el ruido. La primera necesidad del alma confundida no es multiplicar voces, sino volver a Dios.

La oración no es evasión. Es orden. El alma que no reza juzga con menos luz, ama con menos pureza y soporta con menos paciencia.

La confusión no se cura sólo acumulando información. A veces el alma sabe bastante para dar el siguiente paso, pero no tiene fuerza porque no ha vuelto a Dios. Entonces busca otra explicación, otro video, otro argumento, otra conversación. La oración corta ese círculo y pone al alma otra vez bajo el Señor.

Antes de investigar grupos, capillas, sacerdotes, jurisdicción, órdenes, errores y falsificaciones, póngase ante Dios. Diga: "Señor, no quiero tener razón contra Ti. Quiero obedecer la verdad." Esa oración ya purifica mucho.

La confusión se vuelve más peligrosa cuando el alma quiere una respuesta que proteja su comodidad. Ore para ser liberado de esa trampa.

También rece para ser liberado del deseo de ganar. Algunas almas investigan la crisis como si estuvieran preparando una defensa de sí mismas. El fin no es parecer inteligente, ni justificar el pasado, ni vencer a familiares. El fin es obedecer a Dios y salvar el alma.

No necesita empezar con un programa enorme. Rece:

  1. La Señal de la Cruz.
  2. El Padre Nuestro.
  3. El Ave María.
  4. El Gloria.
  5. Un acto de fe.
  6. Un acto de contrición.
  7. Una decena del Rosario, si no puede más.

La constancia vale más que un fervor desordenado que dura tres días.

Añada pequeñas jaculatorias durante el día: "Jesús, ten misericordia de mí." "María, guárdame en la verdad." "Sagrado Corazón de Jesús, no permitas que me engañe." Estas oraciones breves enseñan al alma a volver a Dios antes de volver al ruido.

Después de rezar, guarde un poco de silencio. No corra inmediatamente al teléfono. No busque otra opinión para calmar la ansiedad. Deje que la verdad recibida se asiente.

El demonio ama el ruido porque el ruido impide obedecer. Dios puede hablar al alma que se aquieta bajo Su mirada.

El silencio no significa dejar de pensar. Significa dejar de ser arrastrado. Después de leer algo grave, deténgase. Pregunte: "¿Qué verdad debo obedecer? ¿Qué pecado debo dejar? ¿Qué deber tengo hoy?" Sin ese silencio, incluso la verdad puede convertirse en agitación.

La oración verdadera debe producir obediencia. Si reza y luego vuelve al culto falso, a la impureza, a la ira, a la pereza o a la cobardía, la oración todavía no ha gobernado la vida.

Rece hasta que pueda decir con sinceridad: "Señor, muéstrame la verdad y dame fuerza para obedecerla."

Si la oración lo vuelve más dócil, más humilde, más puro, más firme contra el error y más caritativo con las almas, va dando fruto. Si sólo lo vuelve más ansioso por controlar todo, vuelva a empezar con oraciones más sencillas.