Camino de la Iglesia Verdadera
55. El Domingo Cuando La Iglesia Parece Lejana
Camino de la Iglesia Verdadera: orientación para almas hispanohablantes que buscan la verdad sin perder la paz.
El domingo pertenece a Dios incluso cuando no hay Misa verdadera cerca. La ausencia de una capilla segura no convierte el día del Señor en un día común. Tampoco autoriza al alma a llenar el vacío con trabajo innecesario, compras, ruido, entretenimiento mundano o tristeza sin oración.
El domingo debe ser guardado con gravedad.
El alma no debe permitir que la privación de Misa verdadera convierta el domingo en vacío. Precisamente porque falta el consuelo del altar, el día debe ser custodiado con más cuidado. La ausencia no debe formar negligencia. Debe formar deseo, reparación y reverencia.
Muchas almas pensaban que santificar el domingo era simplemente ir a Misa. La Misa es el centro cuando puede ser recibida en verdad, pero el día entero debe ser ordenado a Dios. Si no hay Misa verdadera, el deber de honrar a Dios no desaparece.
Rece más. Lea más. Descanse cristianamente. Haga obras de misericordia posibles. Evite lo servil innecesario. Enseñe a los hijos que el domingo no pertenece al mundo.
Explique esto a los niños con claridad. No diga simplemente: "No podemos ir." Diga: "El domingo sigue siendo de Dios. No iremos a culto falso ni a sacramentos dudosos, pero tampoco viviremos como si Dios hubiera perdido Su día." Así los hijos aprenden fidelidad, no sólo ausencia.
El domingo se guarda mejor cuando el sábado se prepara. Ordene la casa, compre lo necesario, prepare ropa, comida, gasolina si debe viajar, libros y oraciones. La improvisación constante cansa el alma y abre puerta al desorden.
Preparar no es ansiedad. Es respeto.
La preparación del sábado también protege la paz familiar. Una casa que llega al domingo con todo desordenado suele terminar irritada, distraída y cansada. La reverencia comienza antes: acostarse prudentemente, limitar ruido, preparar lecturas y decidir de antemano cómo se guardará el día.
Si no hay Misa verdadera, puede hacer esto:
- Levantarse con sobriedad.
- Rezar en familia.
- Leer el catecismo o el Evangelio.
- Hacer comunión espiritual.
- Rezar el Rosario.
- Tener una comida tranquila.
- Evitar trabajo innecesario.
- Visitar o llamar a alguien que necesite caridad.
- Hacer examen de conciencia.
No convierta el domingo en teatro. Hágalo fiel.
Si vive solo, guarde el día igualmente. Si la familia no coopera, haga lo que pueda sin amargura. Si hay niños pequeños, acepte que el orden será sencillo. Dios no pide una escena perfecta. Pide un día realmente ofrecido.
Debe doler no tener Misa verdadera. Ese dolor es sano si lleva a desear el culto verdadero. Pero no permita que el dolor se convierta en desorden o resentimiento. Ofrezca la privación a Cristo.
El domingo en exilio sigue siendo del Señor.
Ofrezca cada domingo en exilio por la restauración del culto verdadero, por los sacerdotes fieles, por los moribundos, por las familias confundidas y por los niños que nunca han conocido la Misa verdadera. Así el dolor no queda encerrado en usted. Se convierte en intercesión.