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Camino de la Iglesia Verdadera

56. Gobernar La Casa Sin Dureza Ni Debilidad

A gate in the exiled city.

El hogar necesita gobierno. Sin gobierno, la casa se disuelve en ruido, capricho, pantallas, pasiones y cansancio. Pero el gobierno católico no es tiranía. El padre no es dueño absoluto. La madre no es esclava. Los hijos no son pequeños soberanos. Todos están bajo Dios.

La casa debe ser gobernada con verdad y caridad.

La dureza usa la verdad como palo. Grita, humilla, sospecha, controla por miedo y llama virtud a su propio temperamento. Puede hablar mucho de autoridad, pero no muestra el corazón de Cristo.

Un padre duro puede producir obediencia exterior y resentimiento interior. Una madre dura puede corregir mucho y formar poco. La dureza no es fortaleza. Es muchas veces impaciencia vestida de celo.

La debilidad evita el conflicto necesario. Permite impureza, pereza, desorden, mal lenguaje, ropa indecente, domingo profanado y falta de oración porque teme molestar. Esa falsa paz destruye la casa lentamente.

La debilidad tampoco es caridad. Es abandono del deber.

La autoridad doméstica debe imitar a Cristo: clara, sacrificial, ordenada, paciente y firme. Debe mandar lo que es bueno, corregir lo que destruye, perdonar lo arrepentido y perseverar cuando la casa resiste.

Los padres deben explicar lo necesario, no negociar todo. Deben escuchar, no ceder al capricho. Deben corregir, no aplastar.

Pregunte antes de actuar:

  1. ¿Estoy defendiendo la verdad o mi orgullo?
  2. ¿Estoy evitando mi deber por miedo?
  3. ¿Esta regla conduce a Dios?
  4. ¿Estoy dando ejemplo?
  5. ¿He rezado por esta alma antes de corregirla?

Una casa bien gobernada no es perfecta. Es una casa donde todos aprenden a vivir bajo Dios.