Back to Camino de la Iglesia Verdadera

Camino de la Iglesia Verdadera

43. Examine Los Frutos Sin Ingenuidad

A gate in the exiled city.

Nuestro Señor enseña que el árbol se conoce por sus frutos. Pero esta enseñanza debe aplicarse con prudencia. No todo fruto aparente prueba que la raíz es sana. Hay comunidades con buenos modales, familias numerosas, ropa modesta, cantos antiguos y conversación seria, pero que todavía pueden estar unidas a una falsa autoridad o carecer de jurisdicción católica.

Los frutos ayudan a discernir. No reemplazan la doctrina, la autoridad, los sacramentos y el culto verdadero.

Es bueno ver familias que rezan, niños que aprenden catecismo, mujeres que aman la modestia, hombres que toman en serio su deber, jóvenes que evitan el mundo, fieles que guardan el domingo y almas que aman a Nuestra Señora. No desprecie esos bienes.

Pero tampoco los use para cerrar preguntas necesarias. Los buenos frutos parciales pueden existir en lugares mezclados. Dios puede obrar en almas sinceras aun cuando la estructura que las rodea no sea segura.

También hay frutos que revelan peligro:

  1. Miedo a preguntar.
  2. Dependencia de un líder.
  3. Desprecio de los que sufren dudas honestas.
  4. Chismes bajo apariencia de celo.
  5. Niños formados más en identidad de grupo que en virtud.
  6. Mujeres oprimidas por dureza, no guiadas por caridad.
  7. Hombres severos fuera de casa y negligentes dentro de casa.
  8. Mucha controversia y poca oración.

Estos frutos no deben ser ignorados porque haya latín o disciplina externa.

El fruto principal es la fidelidad a Cristo en la verdad. Una comunidad debe formar almas que adoren a Dios rectamente, crean la doctrina íntegra, rechacen el error, vivan la moral católica, amen a Nuestra Señora, reciban sacramentos verdaderos y crezcan en caridad.

Si una comunidad produce lealtad al grupo más que obediencia a Dios, hay peligro.

No sea ingenuo. Tampoco sea cínico. La ingenuidad cree todo por apariencia. El cinismo desprecia todo por heridas. La prudencia católica mira con serenidad: reconoce bienes, nombra males, y elige según la verdad.

Rece antes de juzgar. Hable poco. Observe mucho. Pregunte lo necesario. Y nunca permita que frutos parciales oculten una raíz falsa.