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Camino de la Iglesia Verdadera

11. La Oración Ordena El Alma

A gate in the exiled city.

La oración no es adorno de la vida católica. Es deber, refugio, combate y alimento. El alma que no reza pierde orden interior, aun cuando lea mucho. Puede conocer argumentos y, sin embargo, volverse seca, dura, impaciente o movida por miedo.

La oración pone al alma delante de Dios. Le recuerda que no es dueña de la verdad, sino discípula. Le enseña a pedir luz, arrepentirse, agradecer, adorar y perseverar cuando la crisis parece demasiado pesada.

No desprecie las oraciones básicas. Haga la Señal de la Cruz. Rece el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria, el Acto de Fe, el Acto de Esperanza, el Acto de Caridad y el Acto de Contrición.

Estas oraciones enseñan doctrina. El Padre Nuestro enseña filiación, reverencia, el reino de Dios, la voluntad divina, el pan cotidiano, el perdón y la liberación del mal. El Ave María pone el alma bajo la mirada de la Madre de Dios. El Gloria adora a la Santísima Trinidad.

Una oración sencilla rezada con atención vale más que muchas palabras dichas con vanidad o distracción voluntaria.

Antes de leer sobre la crisis, rece. Pida no ser engañado. Pida no caer en orgullo. Pida odio santo contra el error y amor verdadero por las almas. Pida fortaleza para obedecer lo que vea.

El estudio sin oración puede volverse curiosidad. Puede convertirse en acumulación de pruebas sin conversión. Puede hacer que el alma hable mucho de lobos y poco con Dios.

La oración purifica el estudio. Hace que la verdad recibida baje a la conciencia, al hogar, al habla, al trabajo y al deber.

No mida la oración por emoción. Habrá días secos. Habrá cansancio. Habrá distracción. Habrá temor. La fidelidad no consiste en esperar sentimientos perfectos, sino en volver a Dios porque Él es Dios.

Un padre no deja de alimentar a sus hijos porque está cansado. Un alma no debe dejar de rezar porque no siente consuelo. La oración perseverante forma fortaleza.

Cuando no pueda rezar largo, rece poco pero fielmente. Cuando no pueda hablar mucho, diga: "Señor, dame luz y no permitas que me separe de Ti." Nuestra Señora entiende la pobreza del alma que acude a ella.

El Rosario es una escuela de Cristo con María. No es repetición vacía cuando se reza con fe. Pone ante el alma los misterios de la Encarnación, la Pasión, la Resurrección y la gloria de Cristo.

En tiempos de confusión, el Rosario guarda la memoria católica. La mente vuelve a Nazaret, Belén, el Calvario, el sepulcro vacío, Pentecostés y la gloria de la Madre de Dios. La crisis se ve entonces bajo la luz de los misterios, no sólo bajo la presión de las noticias y disputas.

Rece el Rosario solo si debe, en familia si puede, y con perseverancia aun cuando sea imperfecto.

La oración verdadera no reemplaza el deber. Lo fortalece. El alma que reza debe volverse más fiel, más modesta, más paciente, más clara contra el error, más obediente en lo pequeño y más caritativa.

Si una oración no lleva a conversión, examine si se ha vuelto costumbre sin atención. Dios no pide teatro. Pide corazón, verdad y obediencia.

Lea también How Should A Christian Pray?, Basic Catholic Prayers, y What Is The Rosary?.