Camino de la Iglesia Verdadera
13. La Santa Misa Y El Culto Verdadero
A gate in the exiled city.
La Misa no es una reunión religiosa inventada por la comunidad. No es una comida simbólica centrada en el hombre. No es una actuación piadosa. La Santa Misa es el Sacrificio de Cristo hecho presente sacramentalmente en el altar por el ministerio sacerdotal verdadero.
Por eso la cuestión del culto no es secundaria. El alma puede soportar pobreza, soledad y exilio. No puede llamar verdadero a un culto falso ni tratar como segura una ceremonia unida a una religión falsa.
Desde el principio, la Escritura enseña que no todo culto es aceptado. Abel ofreció con fe. Cain ofreció de modo que no agradó a Dios. Israel recibió sacrificios, sacerdocio, altar, templo y ley. Todo esto enseñaba que el hombre no se acerca a Dios por invención propia.
En Cristo, el sacrificio llega a su cumplimiento. Él es Sacerdote y Víctima. La Misa verdadera no reemplaza el Calvario. Aplica sacramentalmente el único Sacrificio de Cristo.
El culto verdadero se recibe de Dios. No se fabrica por comités, gustos, presión pastoral o espíritu de la época.
El culto enseña. Enseña al cuerpo cómo arrodillarse, al oído qué oír, a la mente qué creer, y al corazón qué amar. Por eso el culto falso es tan peligroso. No sólo expresa error. Forma al alma en error.
Si una ceremonia reduce el sacrificio, oscurece el sacerdocio, centra al hombre, acepta una falsa autoridad o pertenece a una estructura que contradice la fe, el alma no debe tratarla como lugar seguro.
La reverencia externa puede conmover, pero debe estar unida a la verdad. Lo bello no vuelve verdadero lo que está unido a falsedad.
La Misa exige sacerdocio verdadero. No basta que alguien use vestiduras, diga palabras latinas o parezca religioso. El sacramento requiere órdenes válidas y misión católica.
En la crisis actual, el alma debe preguntar con gravedad por los ritos de ordenación, la sucesión, la jurisdicción y la comunión pública. Estas preguntas no son curiosidad. Protegen la adoración de Dios y la salvación de las almas.
Donde hay duda grave, no se debe actuar como si hubiera certeza.
Cuando una familia no tiene acceso fácil a la Misa verdadera y lícita, el domingo no se vuelve un día cualquiera. Debe guardarse con oración, lectura espiritual, descanso santo, obras de misericordia, modestia y orden familiar.
No asistir a culto falso no significa abandonar la santificación del día. Significa negarse a reemplazar lo verdadero con lo peligroso.
Prepare el domingo con seriedad. Si hay viaje a Misa verdadera, organice lo necesario antes: ropa, gasolina, alimentos, horarios y disposición del alma. La preparación material puede servir a la reverencia espiritual.
Lea también What Is The Mass?, The Holy Sacrifice: The Heart of the Church, y The Sin of False Worship.