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Camino de la Iglesia Verdadera

74. Profecía Sin Curiosidad Ni Pánico

A gate in the exiled city.

La profecía debe ser leída con reverencia. No fue dada para alimentar curiosidad, miedo, fechas imaginarias o sistemas privados. Fue dada para llamar al pueblo de Dios a vigilancia, penitencia, esperanza y fidelidad.

En tiempos de crisis, algunas almas corren de una profecía a otra buscando emoción. Eso no forma. Agita.

No empiece por profecías difíciles. Empiece por la doctrina: Dios, Cristo, la Iglesia, gracia, pecado, sacramentos, autoridad, juicio, cielo e infierno. Sin doctrina, la profecía se vuelve material para fantasía.

El alma que no conoce el catecismo no debe pretender leer todos los signos de los tiempos con seguridad.

Cuando Dios advierte, no lo hace para entretener. Advierte para convertir. La respuesta católica a una advertencia no es pánico, sino penitencia.

Pregunte: ¿Qué pecado debo dejar? ¿Qué deber debo cumplir? ¿Qué error debo rechazar? ¿Qué oración debo comenzar? Si una lectura profética no lo lleva a conversión, algo está desordenado.

Evite cálculos temerarios, fechas, rumores, visiones no probadas, canales de miedo y explicaciones que vuelven al alma adicta a novedades. La vigilancia católica es sobria.

El demonio puede usar incluso temas religiosos para mantener al alma inquieta y desobediente.

El Apocalipsis de San Juan no termina en desesperación. Termina en la victoria de Cristo, la ciudad santa, el juicio de Babilonia y la gloria de Dios. Lea la profecía con esa esperanza.

Vigile. Haga penitencia. Pero no pierda la paz católica.